• QUÉ ES POESÍA. EL ARTE POÉTICO Y SUS FORMAS
Yo he sabido ver el misterio del verso
que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
el anzuelo hecho de la nada
prometido al pez del tiempo
L. M. Panero
La poesía debe mostrarse desnuda, libre de prejuicios, haciendo honor a su esencia. Y ello sin menoscabo (ha de tenderse, por contraste, a lo contrario) de su profundidad, de su calidad consustancial; no como adorno y conclusión y sí como elevado medio de expresión interior. Lenguaje que va más allá de todo lo concebido y conceptuado. Y no nos engañemos, la poesía no es fácil; requiere su tiempo; requiere estar abierto a un nuevo idioma y a su aprendizaje siempre renovado, tanto por parte del emisor como del lector, y éste último no ha creer nunca que está ante un divertimento, porque está ante algo que le proporcionará mucho más que eso.
Lo que la mayoría de personas no entiende es que la poesía es un arte, sí, pero también “algo más”. Es parte de un esquema mental “oculto” y complejo que es, a su vez, amago de una evolución mental-espiritual siempre en ciernes, jamás tenida lo suficientemente en cuenta, casi siempre prostituida y nunca totalmente “comprendida”. La poesía es, precisamente, una síntesis; el fin de la dualidad “vista como real”. Es la plasmación, consciente e intuitiva a un tiempo, de la unidad indiferente y desigual de todo lo que existe. Es saber captar las diferencias y celebrarlas (de ahí la constante paradoja) porque se aparecen, por fin, como semejanzas, en una lengua siempre nueva que (re)crea el universo e insufla renovada savia al ser; dignificando, ampliando. El individuo es único, y está unido a todas las cosas. Unido y no encadenado.
Poetas hubo que liberaron a la poesía del cepo en que ésta había caído; no podemos ignorarlos; sobre todo teniendo en cuenta que no solamente igualaron a sus predecesores, sino que, en muchas ocasiones, les aventajaron con creces, demostrando así que la lírica no es, sólo, musicalidad, preciosismo, “ritmo con mensaje”, anhelo de Belleza, etc. y que el trasfondo, la intención, la hondura (que no la pretenciosidad o farragosidad) de “ese mensaje” es lo que trasciende y la hace atemporal.
Así, a partir del Romanticismo, luego con Whitman y Baudelaire, y netamente con el simbolismo francés, la poesía nos seduce, más allá de su forma, como terreno abonado, siempre oxigenado y nunca yermo.
Luego están los Apolillados; los “de siempre”; los que se empeñan en anclar el rumbo de la poesía en una gris, enmohecida y rancia tradición, basada en estructuras de métrica y rima obtusas, prefijadas, inexorables, que, a estas alturas, ya sólo puede mover a risa por su siniestra visión reseca de las cosas.
Si queremos, al fin, simultanear en nuestro ahora cambiante la lírica, sin desvirtuar su idiosincrasia, debemos entender que esto se traduce en mantenerse receptivo y sensibilizado, en actitud de autoánalisis y en pos de “el otro”; en ser poeta, ni más ni menos; huyendo de cortapisas y aprendiendo de los errores y aciertos del pasado y del presente. Ser poeta también significa ser un esforzado observador y detallista, y el hecho de que la poesía se libre de ataduras no implica que ésta desaparezca; es un razonamiento éste, como mínimo pueril, por no decir torpe o malintencionado. Ser poeta es un estado de ánimo, una introspección activa de la conciencia. Es un acto de entrega a lo intangible, que deja de serlo. Es la fusión de intelecto e imaginación... Aunque no tan sólo eso; es, además, saber estar más allá de las palabras; abarcar lo que ellas, por sí solas, bajo racional y estricto concepto, no consiguen.
La poesía se presenta en las formas más insospechadas. De hecho, aparece no sólo en el verso, también lo hace en la prosa, y no sólo en lo que entendemos habitualmente por prosa poética, pues la imaginación es quien guía sus posibilidades: imaginación, audacia, tenacidad y constante autocrítica.
Generalmente expone las situaciones desnudas, en desapego de la racional y física norma. Unas veces mostrando su rostro más amable, otras su lado, al menos, inquietante, pero siempre reinventando, reinterpretando la vida, renaciendo de continuo de la mano del “iniciado”, que exprime las palabras y consigue su esencia y connotación. Las palabras y su “reverberar” son el vehículo que utiliza el mago, el chamán, el alquimista, el poeta.
CARLOS IGUANA. BARCELONA.
TALLERES DE CREACIÓN POÉTICA (1998-2002)
IMAGEN: "¿LOS APOLILLADOS? A MÍ AHORA ME DAN GOLPECITOS EN LA ESPALDA Y ME SIRVEN EN TODOS LOS BARES DE DONDE ME ECHABAN A PATADAS,¡JA, JA, JA, JA!"



Johnny Thunders dijo
Tienes clase y buen hacer. Y buen gusto. Me alegro de que vuelvas. Y sácate ya los fantasmas de encima. La primera vez que te escribí (creo que fue en tu primer post), recuerdo que te dije que esto de dar opiniones y tal no era lo mío.
Leyéndote luego en "Literatura", me percaté de que vales la pena, tío. Supe de tus depresiones y toda la pesca, porque lo guapo es que te desnudas, no finges ni te escondes. Y cuando leí "Rosas Secas" flipé Un brindis por ti.
29 Diciembre 2007 | 03:04 AM